CAMBIO ESTRUCTURAL, GLOBALIZACION Y DESARROLLO EN SOCIEDADES MULTIETNICAS[1].

 

Roberto Santana

 

Las reflexiones que siguen están destinadas a escrutar qué tipo de coherencia puede imaginarse entre los vastos temas propuestos en el título acordado a estos comentarios, haciendo alusión sea a la coyuntura de Chiapas, sea a la coyuntura guatemalteca y teniendo en mente, mas allá del cambio de escala geográfica, lo que hay de común y lo que hay de diferente en ambas realidades. Lo que hay de común puede ser objeto de un vasto panorama pero para nuestro propósito lo esencial está en el carácter multi-étnico de las dos realidades y la incapacidad del Estado para producir el desarrollo y la integración del campesinado indígena. Lo que hay de diferente: una situación de conflicto y de violencia regional (Chiapas) versus un clima nacional de pacificación y de reconciliación (Guatemala).

 

Hay tres dominios que me parecen indicados para hacer este ejercicio: el Estado, el modelo de desarrollo y las élites regionales en su relación al cambio social, la evolución de los campesinos indígenas bajo las políticas públicas tradicionales y las perspectivas de las sociedades indígenas en la globalización.

 

Chiapas, una región "cautiva" del modelo industrializante de sustitución de importaciones.

 

Lo que llama la atención  en las discusiones acerca del conflicto regional en Chiapas y las posibilidades de salida de crisis es que parece haberse olvidado la significación profunda que tuvo en términos territoriales el modo de desarrollo del capitalismo en México en el contexto del modelo industrializarte por sustitución de importaciones que duró casi medio siglo Así, la tendencia mas general de los observadores y estudiosos de Chiapas, en particular de la cuestión indígena, es a "diabolizar" al Estado mexicano (federal), acusado de haber sido incapaz de asegurar la integración social de las poblaciones indígenas campesinas, así como también de haber sido incapaz de promover el desarrollo económico de la región. Talvez tengan razón, pero es una razón a medias y sobre todo es una razón que nos impide ver las puertas de salida hacia una nueva dinámica regional y una nueva perspectiva para los campesinos indígenas.

 

Si volvemos al modelo de desarrollo que periclita en México en los años 80 y que en Chile fue abandonado en los años 70, podemos talvez entender mejor el porqué del subdesarrollo regional (con su secuela de desempleo y subempleo), así como también aquello de la "continuidad de los rasgos coloniales"[2] en las élites chiapanecas principalmente en Ocosingo, Comitán y San Cristóbal, o la "renovación sin renovación de las élites" de Chiapas de que habla Henri Favre[3]. Este tipo de de desarrollo "frustrado" o de no-desarrollo tiene apenas que ver con la buena o mala voluntad del Estado Federal y del gobierno chiapaneco: tiene que ver fundamentalmente con la escasa acumulación capitalista del modelo macro-económico, que limitaba sus capacidades redistributivas.

 

Yo me atrevería a decir que el Estado mexicano (considerado en sus dos escalones) "hizo lo que podía" entre los años 30 y y la década del 80, tanto en términos de desarrollo económico como de gestión política de la entidad. Lo que "pudo", pudo seguramente haberlo hecho mejor…

 

Es fácil imaginar que al interior del modelo de industrialización "pesada" y de la fabricación de manufacturas finales para el mercado interno, Chiapas no podía pretender sino a un "estatuto marginal" debido a su localización descentrada y periférica en relación a los grandes centros metropolitanos que iban a tener la prioridad en las inversiones cuyo monopolio estaba en manos del Estado, único “Gran Inversionista”. Desde el punto de vista redistributivo a nivel territorial, Chiapas no podía estar sino en la "periferia de las periferias" a despecho del discurso nacional-populista del Estado central acerca de su rol de garante del igualitarismo social y de su voluntad frecuentemente expresada de eliminar las desigualdades regionales.

 

Si en un primer período del régimen nacionalista, los recursos naturales del estado chiapaneco no representaron un interés inmediato -su explotación vendría mucho mas tarde-, no por eso el Estado federal se desentendió de Chiapas y muy por el contrario tuvo un máximo interés en asegurar su soberanía sobre ese territorio de adquisición históricamente tardía. Pero esta afirmación de soberanía la pudo ejercer a bajo costo pactando el ejercicio del poder con los herederos de las aristocracias coloniales según un esquema próximo del funcionamiento de los reinos medievales y sus señoríos locales, es decir mediante una suerte de mecanismo de tácita "cesión de potestad" o de "delegación informal" del poder en favor de las élites locales. Allí habría que buscar la explicación del escaso dinamismo de las transformaciones estructurales y del cambio social en la región chiapaneca..

 

Por arte de esta alianza implícita, Chiapas pasa a constituir una región "cautiva" al interior de la federación, sin posibilidades de recibir grandes inversiones provenientes de las arcas fiscales y cerrada a los intercambios internacionales, todos monopolizados por el Estado central. La élite regional se mostrará inapta a negociar los intereses chiapanecos de otra manera en interés de una construcción territorial mas activa. El Estado federal iba a circunscribirse entonces a la práctica de una "política menor" en términos del desarrollo, siguiendo las posibilidades dejadas por la lógica del modelo concentrador de industrialización nacional, invirtiendo en actividades de poca incidencia sobre el desarrollo de una indispensable nueva estructura productiva regional: explotación petrolera (localización puntual y escaso empleo local), energía eléctrica (no pago de derechos de explotación al estado federado, empleo local casi nulo), infraestructura vial (al servicio de los grandes trabajos públicos, empleo masivo pero transitorio). La emergencia de una actividad agrícola-ganadera moderna en algunas zonas parece ser menos del resorte oficial que de la iniciativa privada, como ocurre también con el mas reciente desarrollo de un cierto turismo y de los servicios ligados.

 

El otro dominio de aplicación de la política oficial tiene que ver con la población indígena de los Altos y aquélla de la Selva Lacandona. La gestión de la "política menor" se caracterizó en los Altos por una voluntad de parte del gobierno federal de conservar un poder clientelístico, asumiendo un rol simbólico de "padre protector de indios" (política de "indianización" en los Altos, desde los años 80). En la Selva Lacandona, su papel se limitó a practicar una especie de "goteo del reparto agrario" combinado con golpes de autoridad, entre los cuales destaca la creación de la llamada "Comunidad Lacandona" que desconocía los derechos de ocupación de una numerosa población inmigrante. Es en este rol de interlocutor directo que asume el Estado en relación a los indígenas donde mas claramente la acción federal parece haberse sustituido a la política local de las élites, lo que podría explicarse por la conflictividad interétnica latente o declarada que exigía la presencia de un mediador para salvaguardar el funcionamiento del sistema de "delegación informal" del poder. Pero al mismo tiempo, es también aquí donde la acción oficial mostrará mas claramente su debilidad, justificando las críticas hechas desde todos los ámbitos (ineficiencia, corrupción, falta de pluralismo, discriminación, verticalismo autoritario, violencia policial…). Es en este dominio en particular que la política oficial puede ser tachada de fracaso completo.

 

Las élites locales chiapanecas no han tenido y no tienen estrategia propia de desarrollo: se habían arreglado históricamente con los representantes del gobierno federal (en un doble movimiento de incrustación en el sistema de poder institucional y de captación social de sus personeros) y supieron o pudieron guardar el poder hasta la crisis de los 80 y 90. Chiapas había capitalizado muy poco, su estructura productiva y la urbanización eran poco desarrolladas, las fracciones modernizantes de las élites eran muy débiles como para imponerse a la inercia de las fracciones tradicionales y el proceso de descomposición y diferenciación del campesinado indígena aparecía notablemente neutralizado. Todo ello en un cuadro de fuerte expansión demográfica y de agotamiento del mecanismo del "reparto agrario" como válvula de escape para aliviar la tensión hombre/tierra en las áreas indígenas.

 

La crisis tenía que hacerse visible y estallar en la misma medida en que la capacidad redistributiva del Estado se había agotado en los años 80. Las élites locales pierden la capacidad de gobernar por otros medios que no sean la violencia política y de cierta manera ponen en peligro la soberanía del Estado mexicano sobre la región…El modelo de industrialización por sustitución de importaciones, había permitido en Chiapas "lo que era posible" en términos de desarrollo capitalista. Y tal vez el reproche principal que se pueda hacer al Estado central es el de no haber contribuído con los recursos que poseía a la constitución en la Selva Lacandona de una sociedad campesina firmemente asentada -en base a recursos naturales mas ricos que en los Altos-, dotada de los medios materiales para asegurar una explotación racional de sus recursos y una articulación fácil a los mercados, ayudada para desarrollar sus capacidades organizacionales y crear sus propias ventajas "competitivas". A falta de ello, la precariedad, la inseguridad y la angustia de los colonos por el futuro iban a canalizarse en la adhesión a la  búsqueda violenta de soluciones…

 

Es claro que el Estado central y las élites no pueden ser históricamente desculpabilizados de una responsabilidad relativa, pero ellos no eran mas que los actores subordinados de un orden económico internacional impuesto, que encontraba por lo demás  su anclaje y su justificación en prácticas y discursos que terminaron por conformar toda una cultura del estatismo, cuya influencia ha pesado y pesa todavía considerablemente sobre los espíritus, incluso sobre la producción en ciencias sociales.

 

A este estadio de la disertación, es difícil resistir a la tentación de hacerse un par de preguntas, aún a riesgo de escandalizar a nuestro amigos historiadores: ¿ Y si la historia de Chiapas hubiera sido otra? Si el movimiento "mapache" (de los finqueros y de sus aliados), del cual habla Pérez Mota[4], hubiera en su época combatido con una estrategia de autonomía regional y de formación de un Estado independiente, o en su defecto por un estatuto político especial al interior de la Federación, en el sur de México? Podría imaginarse, en este ejercicio paseísta de simulación, que Chiapas habría desarrollado su propio modelo de industrialización y de urbanización, habría desarrollado su propia área metropolitana, y modificado considerablemente la relación urbano-rural. La región habría gozado de su propia apertura hacia el exterior y por lo mismo habría podido beneficiarse directamente de la cooperación y de los capitales externos…

 

La cuestión planteada si bien no es pertinente para la representación de la historia "real", adquiere una significativa pertinencia en la época de la globalización: el nuevo desarrollo de la economía-mundo significa la relativización de las relaciones centro-periferia, las periferias se desplazan y los centros también, los bloques hegemónicos se mueven, lo territorial adquiere otras dimensiones[5]. Sobre un punto creo que todos estaremos de acuerdo: hoy no importa qué lugar o espacio en el mundo puede ser tocado por la "varita mágica" de la internacionalización de la economía, a condición que el juego sea de "fronteras abiertas" y que los territorios de los estados queden efectivamente expuestos a la internacionalización.

 

La globalización[6], con la internacionalización de la economía que la acompaña (el libre comercio, la libre circulación de los capitales, los nuevos rubros de actividad), podría significar que Chiapas deje de ser una región "cautiva" a condición que los actores regionales se armen de la capacidad para la coordinación de sus intereses y para imaginar estrategias consensuadas de transnacionalización. Hay dos aspectos que inciden en la escasa importancia acordada a la apertura regional a las nuevas perspectivas: de una parte, la existencia del conflicto o si quiere de la "guerra larvada" y, de otra, la insistencia en centrar todo el debate sobre la internacionalización de la economía en torno al TLC. Lo primero, significa que Chiapas está clasificado en el ranking mundial de "zonas de riesgo" para el capital en uno de los últimos lugares (región no fiable por falta de estabilidad política y baja seguridad); lo segundo, quiere decir que el horizonte en que se despliega la reflexión sobre la internacionalización de la economía es limitado, puesto que la economía-mundo es mucho mas vasta que los Estados Unidos y para Chiapas mas importante que el comercio es atraer capitales de inversión que contribuyan a transformar la economía regional. La extraversión de la economía chiapaneca es un proceso que no admite demoras y sus potenciales asociados económicos están por todo el mundo...

 

La posibilidad en el corto y mediano plazo de jugar a las aperturas hacia lo internacional son bien diferentes en Chiapas y en Guatemala.

 

En Guatemala, la pacificación del país se ha ido imponiendo progresivamente a partir de los acuerdos de paz, los actores políticos y sociales deciden así dar prioridad a la carta de la conciliación y de la búsqueda del consensus. El campo político nacional se ha modificado sensiblemente: emergencia de nuevos actores y de nuevas problemáticas: procesos de recomposición en la izquierda, emergencia de un movimiento indígena centrado en el reconocimiento de la identidad, movimiento por los derechos de las mujeres, movimiento por la defensa del medio ambiente, etc. El período está volcado, no sin oposiciones testarudas, mas bien a la reconstrucción de la economía y del tejido social, una dinámica de nuevas articulaciones y nuevas alianzas gana a los diferentes actores, donde muchos buscan reposicionarse en vista de proyectos constructivos. La apertura hacia el exterior está marcada por el retorno de la cooperación civil y económica internacional (Unión Europea, ONGS, USA, etc.) y por la búsqueda de mercados y socios en el contexto de la mundialización. Este movimiento es tímido y embrionario pero aún así el juego de lo regional/local en la globalización parece posible, a despecho de un contexto nacional donde las tendencias conservadoras tradicionales siguen siendo fuertes.

 

En Chiapas el momento histórico es diferente: la situación de violencia y las escaramuzas de una guerra "larvada" perduran, con efectos dramáticos sobre las poblaciones indígenas (ya conocidos en el conflicto de Guatemala, guardando evidentemente la distancia en relación a la extensión y a la intensidad de la violencia). Chiapas es el polo opuesto de Guatemala: la política del EZLN de enfrentamiento con el Estado mexicano y de denuncia del mercado y de la globalización aísla la región, así como aísla la población indígena, fragmenta y polariza el conjunto de la población, degrada su situación socio-económica, transforma las diferencias culturales en arma de combate y compromete por muchos años el desarrollo y las posibilidades de progreso de las sociedades indígenas (ponencia de Hilario y otros). El juego de lo regional/local en la globalización está comprometido gravemente, y con ello la suerte de las sociedades campesinas indígenas.

 

La crisis del campesinado y el perfil étnico de una nueva ruralidad.

 

Cuando hablamos de juego en la globalización suponemos que las sociedades indígenas no solamente se adaptan a sus impactos, sino que sobre todo se convierten en actores que racionalizan sus estrategias adaptativas para obtener el máximo de ventajas. Ahora bien, no se puede imaginar sacar el máximo de ventajas de los procesos actuales empleando las herramientas de análisis y los mecanismos de acción que fueron propios del modelo de funcionamiento anterior de la economía-mundo, es decir, sin adoptar los nuevos paradigmas de la globalización.

 

La cuestión que hoy está planteada a las sociedades indígenas consiste entonces en saber si inscriben o no sus visiones de futuro en el proceso de la globalización y de la mundialización de la economía. Si la respuesta a esta cuestión es positiva se puede esperar que el abandono de una propensión muy marcada a considerarse como sus víctimas - y a hacer causa común con todos los enemigos declarados de la globalización- liberaría las energías y la capacidad organizativa permitiendo que los conocimientos y experiencias existentes se orienten al servicio de proyectos viables, "captativos" de los elementos de la globalización, es decir tecnológicos, comunicacionales, financieros, formativos, etc. Si la respuesta es negativa, quiere decir que la preferencia es por la contestación, la resistencia o la guerra, con la perspectiva de una estagnación, de creación de frentes de lucha internos y, como consecuencia, de un deterioro acentuado y durable de la situación.

 

La respuesta positiva tiene  que ver con una manera de afrontar o sensibilizar la globalización, que como todo proceso histórico tiene su lado positivo y también su lado negativo. La respuesta positiva opta por ver la globalización como una oportunidad mas bien que como una amenaza y al hacerlo así estaría integrando de cierta manera el camino ya avanzado por los propios indígenas en el sentido de la apertura hacia el exterior de sus comunidades, en la lucha por el reconocimiento de derechos culturales y políticos, en la transnacionalización de sus demandas y propuestas… Pero sobretodo está inscribiéndose en la lógica misma del nuevo desarrollo, es decir toma en cuenta los nuevos paradigmas bajo los cuales este vasto movimiento se abre paso y permite la creación estratégica.

 

La "aceptación" de jugar racionalmente el juego de la globalización tiene varias implicaciones para las sociedades indígenas. La primera, es que tal proceso de carácter universal y uniformizante no puede imaginarse sin interpelar las realidades culturales existentes, o sin que éstas reaccionen a sus impactos, de donde se puede decir que la diversidad cultural aparece como un elemento de intermediación o de negociación entre los dos polos donde se juega la mundialización, es decir, lo global de una parte y lo territorial de otra. Los indígenas aparecen entonces en el centro del dilema uniformidad versus diversidad que es propio a la construcción de nuevas economías en el mundo globalizado y ello representa en principio, y desde ya, una ventaja comparativa importante en relación con otras poblaciones genéricas. Por lo mismo, conviene interrogarse acerca de si los actores indios y sus aliados han tomado suficientemente conciencia de que están en el centro del espacio en el cual es posible imaginar un encuentro fructífero entre la economía y la política neo-liberal[7]

 

Una de las primeras implicaciones de lo dicho es que para enfrentar las posibilidades futuras de progreso de las sociedades agrarias indígenas habría que alejarse de las representaciones "campesinistas" que fueron útiles o funcionales en el modelo de desarrollo anterior (los indígenas tratados como campesinos, los campesinos tratados sectorialmente por la tierra y por lo agrícola). Lo mismo en Chiapas que en Guatemala me parece que sigue en boga en los círculos institucionales y a veces en la propia percepción indígena, esa ideología ampliamente difundida a lo largo de todo el ciclo de la economía protegida por el Estado tendiendo a  considerar que "se podía" y que "había" que salvar a todos los campesinos. Todo ello a contra corriente de  lo que ha enseñado la historia de Occidente, la cual mostraba y sigue mostrando que con el desarrollo y la modernización social el campesinado desaparece inexorablemente -lo que puede también observarse, en un cierto grado, en el desarrollo chileno actual. Así, lo que nació como una explicación a una adaptación de las sociedades rurales a las limitadas posibilidades del desarrollo del capitalismo en América Latina se había transformado en un caso de doctrina.

 

A hacer abandono del paradigma campesinista nos incitan precisamente las realidades chiapanecas y guatemaltecas para las cuáles la pregunta mas acuciante es hoy ¿Cómo salir de la pobreza rural en un contexto de inextensibilidad de las tierras útiles, de crecimiento demográfico acelerado, y de mercados campesinos en crisis?. En los Altos de Chiapas, como en la mayor parte de las zonas campesinas del Altiplano centro-occidental y alto Verapaz en Guatemala (Ordóñez), la minfundización de las tierras indígenas y el desgaste o agotamiento de los recursos impide pensar en una reproducción de la familia campesina por la vía exclusiva del producto agrícola.

 

Los procesos de estratificación interna de las comunidades y la emigración definitiva ganan terreno, pero el proceso de diversificación de actividades para la reproducción de las unidades familiares también se desarrolla al mismo tiempo que las redes familiares y/o comunitarias son de mas en mas activas hacia el exterior ampliando las posibilidades de la reproducción local. Todos estos procesos testimonian de la emergencia de un fenómeno que va mas allá de las representaciones campesinistas del medio rural y puede ser definido como el advenimiento de una "nueva ruralidad" cuyo análisis y tratamiento no puede seguir siendo sectorial. El paradigma sectorial aplicado a las sociedades campesinas indígenas debería ser reemplazado entonces por otro, que tome en consideración la mutiplicidad de parámetros de la nueva realidad, es decir que sea capaz de asumirlo en su nueva complejidad.

 

¿Cómo sino abordar tanta diversidad campesina y rural como la descrita por Ordóñez[8] para el caso de Guatemala? A través de una tipología de zonas y regiones, él nos describe un vasto mozaico espacial y socio-económico dando cuenta de los componentes obligados de esta nueva ruralidad:

 

-       La extensión y progresión de la multiactividad (salarios temporales, migración nacional e internacional, talleres artesanales);

-       Reciclaje de algunas economías campesinas hacia los cultivos intensivos de mercado (montaje de redes comerciales);

-       Abandono de la agricultura marginal (migracion de la población jóven),

-       Pogresión del carácter residencial de muchos lugares;

-  Progresión de los ingresos no-agrícolas por sobre los agrícolas.

-    Experiencias micro-empresariales en medio rural…..

 

Pero en las zonas campesinas de Chiapas y de Guatemala esta nueva ruralidad está cruzada por el nuevo perfil de la variable étnica, según el cual la identidad indígena sale de la resistencia y simple adaptación para reivindicar espacios políticos. La emergencia de las reivindicaciones identitarias debe ser percibida antes que nada como una respuesta colectiva a una situación de crisis: la imposibilidad de la reproducción de la sociedad agraria marca a la vez el peligro de desaparición de la etnia, el sentimiento de extinción del ethos colectivo aguijonea los espíritus y la influencia o la presión externas ayudan al nacimiento de mecanismos de reacción. La búsqueda de nuevos caminos estaba ya en marcha en Chiapas antes de los 90 (orientación indianista de la Iglesia de San Cristóbal, la renovación de la alianza del PRI con los viejos liderazgos en los Altos).Por otra parte, cualesquiera que sea la interpretación que se quiera hacer de la "conversion" indianista del EZLN y de su tentativa de transformar el movimiento campesino de Las Cañadas en movimiento revolucionario indígena, lo cierto es que con él aparece por la primera vez en el nivel regional la expresión política de la diferencia étnica y la reivindicación de espacios de autonomía. Mas allá de la suerte del EZLN, los indígenas han entrado en el escenario de la política regional en tanto que actores con los cuales habrá que contar.

 

El impasse político de la tentativa de operar el "deslizamiento" de un movimiento campesino indígena desde una política de demandas por desarrollo a una política de revolución, aún si esto se hace bajo la bandera de la reivindicación étnica, parece evidente en Chiapas. El esquema seguido por el "movimiento campesino" de Las Cañadas se asemeja estrechamente al itinerario que en su tiempo siguieron los movimientos guatemaltecos, especialmente el inspirado por la doctrina de la Iglesia de la Liberación del cual surgió el Ejército Revolucionario de los Pobres: movimiento campesino por el desarrollo, radicalización ideológica de los activistas, guerra revolucionaria, fracaso político, dificultad para reconstruir la acción colectiva en función de una nueva estrategia de desarrollo.

 

La emergencia de la cuestión étnica es también una realidad en Guatemala -aunque pueda ser paralela a un movimiento de "guatemalización" señalado por varios participantes en el coloquio- y los actores indígenas buscan nuevos caminos, ahora en un contexto de pacificación y de reconstrucción. Lo que logren desarrollar puede ser de gran importancia también para Chiapas, para la superación de la crisis cuando esta región logre la tranquilidad política y el diálogo entre los actores regionales sea posible.

 

Ahora bien, todo parece indicar que el Estado guatemalteco post-insurrección se orienta a intervenir sobre esta nueva problemática rural de la manera mas clásica, es decir, según la lógica de la reestructuración capitalista de la agricultura, o sea selectivamente, para definir los campesinos considerados "viables" y los otros, los "no-viables, orientación bien conocida en todos los procesos de reestructuración en profundidad. Para los no-viables la política será asistencial y su aplicación se hará a través de acciones institucionales parcelizadas y dispersas. El tema de la reivindicación indígena es considerado como aparte, disociado de la problemática socio-económica y por lo mismo objeto de otro nivel de tratamiento, aquél de los derechos culturales. Problema difícil de tratar consensualmente y que por sí mismo no es garantía de respuestas eficaces a la necesidad del desarrollo.

 

Está relativamente clara  la política que quisiera seguir el Estado, pero ¿cuál es la política que quisieran seguir los actores indígenas? ¿Es que ellos han asumido realísticamente que el Estado de la economía liberal no tendrá grandes recursos de inversión para lo productivo, pero talvez un poco mas para lo social? Y que mucho de lo que hagan va a depender de sus propias fuerzas, de su capacidad de acción colectiva, de su aptitud a buscar y a negociar con otros interlocutores. A los actores indígenas reviene entonces la responsabilidad principal de crear y de proponer otra política. Pero, ¿cuál?

 

Las dos problemáticas en presencia, es decir, la necesidad de desarrollo económico de una parte, y de otra, la demanda de reconocimiento de derechos culturales y políticos por el Estado, necesitan ser cruzadas y trabajadas en su complejidad y ello no parece posible sino en una dimensión territorializada que permita a los actores teniendo ya ciertos niveles de articulación espacial imaginar los escenarios del futuro. Es precisamente en esta dimensión territorializada que la diversidad cultural indígena puede ser valorizada con el doble objetivo de afirmación/reconocimiento de la diferencia y también de desarrollo de las comunidades.

 

La diversidad cultural: un concepto operacional para el ethno-desarrollo.

 

La diversidad cultural es a mi juicio una noción que permite mejor que la identidad entender hasta qué punto los indígenas de Chiapas y de Guatemala, ya inmersos en el fenómeno de la globalización -aunque no lo quieran o no lo confiesen-  tienen interés en potencializar al máximo los espacios creados por este proceso contemporáneo, poniendo por delante la riqueza del "construído" histórico que es propio de cada sociedad, de su herencia patrimonial y de sus capacidades de creación. En tal sentido puede decirse que la diferencia cultural tiene un potencial mas operacional que la identidad a la hora de imaginar las perspectivas estratégicas.

 

Si asumimos un punto de vista pragmático y una lógica prospectiva al interior del vasto movimiento del mundo impulsado por la globalización, el concepto de identidad, independientemente de toda su pertinencia para la cuestión etnica, de su carácter de fuente obligada de las representaciones del ethos colectivo, se nos aparece como menos abierto y menos "maleable" para una reflexión a propósito del lazo entre globalización y pueblos indígenas, mucho menos interesante que las nociones de diferencia o de diversidad cultural. Creo por lo mismo que, tratándose de los pueblos indígenas y su marcha hacia la modernidad, la palabra operacional por excelencia es aquélla de diversidad: diversidad que puede ser inter-étnica, pero también intra-étnica e incluso intra-comunitaria…

 

El concepto de identidad, ampliamente utilizado en este coloquio, es una noción compleja, multifacética y por lo mismo a veces también controvertida y manipulable. Los indígenas de hoy, sobre un fondo de identidad cultural específico son portadores de otras identidades (identidades superpuestas) y no dejan de ser inquietantes las visiones reduccionistas de inspiración religiosa o fundadas en ideologías diversas que quisieran instalar los indígenas en una suerte de primordialismo identitario. La construcción de identidades políticas o religiosas apoyándose en la tradición étnica y generalmente buscando su ruptura, conduce a resultados muy diversos y contradictorios: en algunos casos se denuncia y se rehusa el desarrollo por corruptor, santificando la pobreza (versión "miserabilista" de la Iglesia Católica); otras experiencias hacen el cruce entre los intereses terrenales (materiales) y la fé (protestantismo); otras ideologías fundadoras de identidad dan prioridad al poder político nacional en detrimento de lo regional/local (neo-zapatismo, iglesia de la liberación). Unos "organizadores políticos" promueven la revolucón fundándose en la identidad, mientras otros mas bien la inserción sistémica, y los hay que son proclives al retorno milenarista y al repliegue comunitario.

 

Como todos sabemos, existe una gran diversidad de historias étnicas de expresión local y a veces regional, razón por la cual las etnias se insertan en la vida política moderna y en el proceso de modernización en general de manera muy diversa, según orientaciones y comportamientos muy específicos. Esto es muy visible tratándose de los temas candentes de la actualidad tales como el desarrollo, las autonomías, los estatutos comunitarios o el tema relativo al dominio de la asociatividad intercomunitaria. En relación con todos ellos, lo que se constata es que no hay receta universal, y no la hay porque tratándose de lo indígena la diversidad es la regla.

 

Lo anterior tiene que ver con el hecho que la especificidad cultural de cada etnia es un "construído histórico" sui generis, no reproductible, puesto que está marcado por la lógica de la reproducción de la diferencia en las sociedades indígenas. A este título, en el proceso de cambio lento que ha caracterizado a lo largo de los siglos la lógica adaptativa de cada etnia hay como un "núcleo duro" de valores y de instituciones que permanecen y no hay razón para pensar que en el cambio globalizado las cosas serán muy diferentes: las etnias van a tratar de conservar durante la transición los elementos fuertes de su diferencia, la cual constituye un poderoso resorte de sobrevivencia y puede concebirse como la plataforma de una renovación societal. En tal sentido, no hay razón para pensar que por la gracia de la descomposición y modernización lentos de la sociedad campesina, la problemática étnica va a desaparecer. La interrogante es: ¿hacia dónde se dirige? La idea de revolución o del cambio radical ha sido y sigue siendo una noción ajena al mundo indígena y por lo mismo hay que descartarla como perspectiva de cambio social constructivo: las nociones mismas de proyecto o de estrategia para programar el futuro son ajenas a las sociedades autóctonas, cuyas modalidades de reproducción y de adopción de innovaciones favorecen apenas el cambio gradual y selectivo.

 

 

La diversidad étnico-cultural tiene un anclaje territorial/local que permite su potenciación.

 

Ahora bien, la diversidad cultural de lo indígena tiene un anclaje territorial, o si se quiere local, entendida esta noción mas allá de los simples lugares sino en su acepción mas amplia de territorios sociales, es decir de espacios geográficos dotados de identidad socio-histórica. Esta dimensión territorial puede entenderse como constituyendo el teatro mismo de la acción creativa y adaptativa que pueden experimentar las comunidades indígenas. Asi, lo territorial en la perspectiva indígena no sería ni el espacio de resistencia ni el espacio de ejercicio de la simple dominación  de la economía liberal sino, y sobre todo, el escenario de la creación estratégica. Creo que podría resumirse el desafío de los pueblos indígenas así: trabajar desde una posición ecléctica frente al desarrollo poniendo en tensión de una parte la "vivacidad latente" de lo local y la "fuerza de condicionamiento" de lo global.

 

Una tal visión estratégica está llamada, por otra parte a dar respuesta a otro desafío para los indígenas: ¿cómo ligar reconocimiento de derechos culturales y desarrollo económico de los grupos indígenas?

 

Los problemas que enfrentan hoy las sociedades agrarias indígenas pueden descomponerse en dos niveles de análisis: el del "reconocimiento" que tiene que ver con el estatuto nacional de la identidad y de los derechos culturales de los pueblos indios y el otro, que tiene que ver con la manera cómo cada sociedad indígena asume la gestión de su propio desarrollo. Pensando rápidamente alguien podría decir que lo uno va con lo otro, pero las cosas parecen mas complejas que eso, puesto que en los escenarios conocidos lo primero aparece con una.visibilidad aplastante mientras que lo segundo es evocado con poca frecuencia y en general bajo la forma de exigencias al Estado.

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Como se sabe, algunas Constituciones de países latinoamericanos reconocen la pluriculturalidad del Estado y acuerdan ciertos derechos culturales, pero no es menos cierto que tales legislaciones por sí solas no dan respuesta al inquietante problema del desarrollo de las sociedades étnicas (un buen ejemplo es el de los Mapuches en su relación con el Estado chileno) y esto, por dos razones principales: primero, porque los Estados no disponen de muchos recursos para el financiamiento de proyectos productivos estratégicos, y segundo, porque existe escasa capacidad de los liderazgos indígenas para asumir la gestión del desarrollo, empresa cada vez mas compleja en términos de sus exigencias de negociación y consensus, de organización y de definición estratégica, de manejo de las implicaciones técnicas, etc.

 

Esta suerte de disociación de los dos niveles en que se expresan las inquietudes y demandas indígenas actuales es una constatación crucial, porque expresa una dificultad, sino una incapacidad, para restablecer la relación indispensable entre el universo de lo instrumental y de lo pragmático y la reivindicación de la identidad situada en el universo simbólico. Los riesgos que implica la no resolución de esta brecha es que la legislación de reconocimiento de derechos culturales sea insuficiente para impedir el estagnamiento ecónomico y el empobrecimiento de las comunidades ("con la ley no se come", frase mapuche), con posibilidad en algunos casos de retorno incluso al aislamiento comunitario.

 

La potenciación de la diversidad cultural es talvez el único resorte que permite pensar en una política susceptible de otorgar coherencia a los múltiples y contradictorios procesos que viven las sociedades indígenas. Su potenciación es posible en el mundo internacionalizado a condición de concebir un marco apropiado para el encuentro fructífero de lo global y lo territorial/local gracias a la movilización de la diferencia identitaria. Ni el concepto de estrategia, ni el de planificación territorial manejados tradicionalmente parecen ser suficientemente amplios y a la vez suficientemente flexibles como para enmarcar esta perspectiva del desarrollo local-étnico, de donde resulta evidente la necesidad de un esfuerzo intelectual de la parte de los liderazgos, y de sus amigos, destinado a definir lo que podríamos llamar un "modelo de modernización de la sociedad local", cuya viabilidad no puede ser visualizada sino al interior de la vasta onda de marea de "occidentalización del mundo" que está en curso, y que algunos llaman mundialización y otros globalización.

 

La necesidad de darse un modelo de desarrollo como condición de la construcción del futuro es un desafío que no es exlusivo de los indígenas pues se plantea también a todas las sociedades nacionales, y también a los grupos culturalmente diferenciados en los países desarrollados. Puede imaginarse que a cada escalón territorial los grupos humanos deben arreglárselas para inventar formas, modalidades y ritmos de adaptación, para apropiarse de aquéllos elementos que les parezcan mas convenientes, mas satisfactorios y eficaces. En fin, el gran desafío es entonces cómo darle a sus proyectos de futuro un "sello propio" o identificatorio a su inserción en el movimiento general de la economía y de la sociedad, en suma, al encuentro positivo entre lo global y lo territorial/local. Creo que es en esta invención de un sello propio del desarrollo que puede fundarse una cierta legitimidad de la idea de "modelo", etimológicamente obra "única" en su género, y por lo mismo digna de ser imitada. Sin mas!.. El modelo, apunta a una imagen prospectiva de la diversidad cultural mas que a las estrategias de mediano plazo, se plantea sobre todo en términos de orientaciones que aseguren la posibilidad de la reproducción de la diferencia ad infinitum.

           

El "modelo local-étnico", resultado del arte empleado en la integración de la diversidad local a los movimientos de fondo promovidos por el cambio global, sería la concretización de un cierto  modelo "alternativo", que como se puede fácilmente imaginar no es alternativo sino en contraposición a la tendencia a la "uniformización" de todas las sociedades, pero no podría pretender escapar en el plano de las exigencias económicas al movimiento general guiado por el capitalismo contemporáneo. El neo-liberalismo, forma ideológica que reviste la tendencia actual de la acumulación mundial, puede ser neutralizado en sus excesos pero ello no debe significar que un "modelo" cultural pueda ser viable fuera de la economía de mercado. Bien por el contrario, es sólo allí donde seguramente podrá salvarse.

 

El modelo territorial-étnico  y sus cuatro ejes direccionales.

 

Podríamos imaginar que en el centro del proyecto estratégico territorial-étnico se encuentran los recursos identitarios (patrimonios, sistemas valóricos, etc.) los cuales representan una suerte de plataforma de lanzamiento para la movilización de otros recursos disponibles, para la creación de nuevos recursos, para la búsqueda de alianzas intra y extra-comunitarias, para las indispensables  negociaciones con los múltiples actores regionales, nacionales e internacionales.

 

La adopción de una estrategia de desarrollo territorial/local por los pueblos indígenas significa en primer lugar el abandono del paradigma campesinista, es decir, ellos dejan de concebir el destino de sus sociedades como exclusivamente agrarias y entran a interiorizar que ellas van a caminar, si no caminan ya, por una senda que conduce a la constitución de sociedades económicamente diversificadas y de complejidad estructural creciente. Quiere decir, no solamente que la agricultura deja de ser el único rubro productivo de la economía local que merece atención, ya que el destino étnico va mas allá de la tierra (independientemente de su significado simbólico), sino que también las estructuras formales que han acompañado hasta aquí la evolución agraria entran a ser evaluadas para determinar su pertinencia frente a las  exigencias de un nuevo proyecto societal. Por ejemplo, debería responderse a la cuestión de si el Ejido en la realidad local es mas que una falsa unidad de propiedad colectiva, si mas bien frena que facilita, o al contrario, y si el interés colectivo y la solidaridad en su interior son otra cosa que una ficción…si las llamadas comunidades tienen o no tienen capacidad jurídica real para enfrentar las nuevas exigencias, si la individualización de las relaciones sociales y la competencia por el acceso a los recursos están requiriendo de nuevas normas de funcionamiento, si los grupos familiares son un nivel operacional para estimular procesos internos, etc.

 

Poner por delante una visión compleja del desarrollo local étnico, significa que se hace de los recursos patrimoniales el núcleo central y orientador del conjunto de la programación estratégica. Se puede pensar en la movilización del conjunto de los patrimonios culturales, desde los materiales hasta los simbólicos, desde los productivos hasta los de agrado, desde lo religioso hasta lo profano, es decir todo aquéllo que constituye la identidad primordial e histórica del grupo. El patrimonio cultural en esta perspectiva deja de ser un elemento simplemente identitario, de significación y prestigio simbólico, para ser entendido como el elemento clave de un salto de la sociedad agraria hacia una sociedad económica y estructuralmente diversificada. No hay que equivocarse sobre el sentido de esta opción: significa que es indispensable aceptar una suerte de travestimento de lo cultural en un recurso de capital, sobre el cual puede construirse una parte sustantiva de la nueva economía local.

 

Lo dicho supone también una revisión de la óptica indígena según la cual los elementos materiales o intangibles de la cultura pueden quedar al margen de la modernización, los cuales podrían ser resguardados de la contaminación del mercado. El ejemplo mexicano de los vestigios arqueológicos ilustra bien cómo para la sociedad nacional, como también para la internacional, la valorización del patrimonio en el mercado cultural y turístico es considera como algo no solamente legítimo sino importante para el desarrollo. Los indígenas entran poco a poco a  pensar en el interés de un desplazamiento de óptica a propósito de los patrimonios culturales, pero tienen por delante todo el asunto de imaginar y organizar la gestión en tal dominio. En Chiapas, como en el resto del país es el Estado federal quien ha asumido la conservación y la administración de los patrimonios arqueológicos, justificando su apropiación en nombre de su valor para la construcción de la identidad nacional mexicana y de un supuesto interés para el desarrollo regional. Un proyecto local étnico podría pretender la recuperación de ese derecho de disponer del patrimonio social para una gestión propia o compartida (bajo una forma contractual grupo étnico/Estado, abriendo con ello además la posibilidad de superar las fallas que se le atribuyen a la intervención oficial [9].

 

En este desplazamiento de óptica es evidente que la identidad de grupo adquiere un carácter instrumental, utilitario, pero no es menos cierto que ello contribuye a una revalorización del ethos indígena y a una recreación, en la continuidad histórica, de la cultura local.

 

De la misma manera, podría concebirse que sobre el fondo existente de actividades "pluriactivas" -en muchas comunidades indígenas de Chiapas y de Guatemala este fenómeno es muy desarrollado- se pueden fundar estrategias mirando ciertos desarrollos durables, comenzando a modificar para ello el sentido asistencial de muchas de las iniciativas públicas de un Estado que no por haber abandonado en gran medida las subvenciones a la pequeña agricultura familiar, deja de estar presente en las áreas rurales y a veces de manera densa, como en el caso del programa de "Distensión del Gobierno del estado de Chiapas". Poco interesan las motivaciones que tienen para ello los grupos en el poder, lo que interesa es la posibilidad de la "captación" de esos recursos para la estrategia étnica local. En el caso guatemalteco, es muy probable que la nueva política orientada a la descentralización y al reforzamiento del rol de los municipios (en el marco del "Pacto de gobernabilidad") vaya acompañada de un conjunto de subvenciones (sectorializadas e individualizadas) que deberían poder ser administradas de una manera transversal en una perspectiva estratégica.

 

La cuestión de las estrategias para los "pluriactivos" pasa entonces a constituir la plataforma de arranque de posibles nuevas actividades comunitarias o locales, productivas o de servicio, poniendo en tensión recursos diversos: los captados por los migrantes, las ayudas del Estado, el apoyo internacional, etc…La pluriactividad deja de esta suerte de constituir un movimiento espontáneo y precario, de iniciativa puramente personal o familiar, para dar paso a una actividad organizada socialmente, que hace de simples actividades de sobrevivencia los núcleos embrionarios de micro-empresas asociativas, que pone la experiencia de las redes logísticas de la migración al servicio de la asociatividad local…

 

Por fin, el modelo étnico territorial necesita definir una concepción flexible del espacio de construcción estratégica. La cuestión de los recursos a movilizar, así como los recursos que pueden ser creados (creación de ventajas competitivas), hace que el horizonte local o el "escenario estratégico" vaya mas allá de lo habitualmente considerado como lo local (el lugar, la comunidad, el municipio, etc.) para embestir espacios donde hay traza o elementos potencialmente articulantes de continuidad espacial de procesos locales, con lo cual imaginar la "construcción" de un territorio social de desarrollo estratégico. En tal sentido, ni el Ejido, ni el municipio pueden seguir siendo mundos cerrados y excluyentes a la manera de las antiguas haciendas, sin articulación creadora con el exterior y, por lo tanto, sus límites físicos no deben ser considerados como los límites del "espacio estratégico"del despliegue étnico. En tal sentido, la búsqueda alianzas interculturales mas allá del horizonte cuotidiano (llámese inter-comunalidad, asociatividad territorial, etc.), interesando a la vez lo público, lo colectivo y lo privado, resulta de un interés determinante. Esto significa que los gupos comunitarios, por lo general hasta aquí sólo objetos de la política pública, tienen ahora la posibilidad de proponerle al Estado, a los gobierno locales y regionales, de involucrarse en tal o cual proyecto estratégico, creando una relación de asociados o de partenaires. De la misma manera que, abandonando la secular desconfianza frante a los sectores empresariales, van a proponerle a la empresa privada algún tipo de sociedad o alguna forma de partenariado.

 

 

La formación de los actores ("constructores") de lo territorial-étnico: una necesidad urgente.

 

Para que el anclaje territorial/local de la diversidad étnica pueda ser potenciado hacia la modernidad hay que contar con la capacidad de los actores para la acción colectiva, no en el sentido de "movimientos sociales" a la manera de Touraine, sino mas bien de grupos humanos organizados con voluntad de realizar sus intereses objetivos específicos. Se trata de saber cómo facilitar la emergencia en el nivel local de lo que algunos han llamado los "grupos estratégicos" y otros los "actores de la innovación social". Tanto en los casos de Chiapas como de Guatemala, la constitución de sistemas de actores locales susceptibles de plantearse la construcción de un modelo estratégico de acción, con las características que hemos señalado, no es nada evidente, puesto que los handicaps son de importancia y su superación es una tarea de tiempo.

 

El primer handicap tiene que ver sin duda con la fuerza de una "cultura de la intolerancia" reinante tanto en Guatemala como en Chiapas, cuyas raíces son históricamente lejanas y en cuya formación encontramos un sello inconfundiblemente religioso. La intolerancia ha marcado, en efecto, la acción de la iglesia Católica empeñada en combatir la religión sincrética de las comunidades heredada de la Colonia ("la costumbre"), pero también ha marcado, aunque en menor grado, la acción de las iglesias Protestantes. Así, el dominio de lo religioso y lo político en el espacio comunitario se ha caracterizado por una gran riqueza de escenarios de conflicto y de violencia. Católicos y protestantes han actuado a veces en alianza y a veces se han combatido. Pero sobretodo se han aliado para disminuir o eliminar el prestigio de las autoridades al interior de la jerarquía tradicional y de las cofradías, para combatir sobre todo a los zahorines (curanderos)[10] e instalar en posiciones de poder en el seno de las comunidades a sus diáconos, sus thuneles y sus pastores..

 

La intolerancia religiosa al interior de las comunidades es un aspecto paradojal de la cuestión étnica, pues al mismo tiempo que los indígenas reivindican su diferencia en relación a otros grupos étnicos o nacionales, entre ellos mismos son conducidos a no aceptar la diferencia de creencias, cada quien pretende monopolizar el culto, y con ello se crea la fuente principal de la violencia al interior de las comunidades (expulsiones) y entre comunidades (venganzas). La lucha contra la intolerancia religiosa no es fácil, es necesario que un cierto laicismo impregne los espíritus, que una cierta cultura del consensus y de la estrategia venga a reemplazar la cultura de la intolerancia, talvez la creación de un proyecto estratégico local involucrando a los diferentes interlocutores religiosos y laicos sirva como un medio para morigerar la desconfianza mutua y la intolerancia.

 

Mas allá de este handicap mayor, los liderazgos indígenas se ven limitados por otros condicionantes. Los líderes indígenas hasta aquí han mostrado dos características que no favorecen su aplicación, ni su eficacia, para la puesta en práctica de estrategias de desarrollo territorial en la economía globalizada. Por una parte, han sido mas políticos que interesados en la economía o en la tecnología, por lo mismo han privilegiado las luchas políticas en los niveles de mayor visibilidad, han sido mas contestatarios que constructores de lo nuevo, y a menudo son reticentes, o carecen de aptitudes para convertirse en los  "actores del cambio" o en los "productores de lo local". Por otra parte, los líderes y muchos otros en las comunidades en Guatemala han vivido y se han formado en la confrontación política radical, han sufrido o practicado la violencia armada, se han educado en una cultura de "militantismo excluyente", han participado en la lucha por la conquista del poder (el poder central por cierto) y por todo ello, su conversión a una práctica de búsqueda de acuerdos con los enemigos de ayer o simplemente con actores que poseen intereses contrapuestos no es fácil y no se hace con rapidez, aún si en el nivel nacional esta realidad parece evolucionar rápidamente en el marco de los Acuerdos para la Paz .

 

Aún en el caso de existir la voluntad de trabajar juntos los unos y los otros, la comunicación, el intercambio de ideas y de información no es una práctica fácil para actores que llevan la marca de las prácticas clandestinas y compartimentadas de la época de la guerra, como es el caso en Guatemala. Muchos están todavía por esta razón en el polo opuesto de las exigencias del desarrollo globalizado, que requieren y promueven la articulación de una diversidad de actores, la asociatividad como marco de alianzas estratégicas, la circulación de la información y la voluntad de consensus como condición de estrategias viables . 

 

Lo que hemos dicho para el caso de Guatemala, no se aleja mucho de la experiencia de los indígenas de Chiapas y puede preveerse que a la salida del actual conflicto, los cuadros indígenas van a poder establecer un balance igualmente decepcionante, van a estar confrontados a las mismas falencias y a las mismas exigencias de reconversión y de formación si quieren avanzar hacia una cultura de consensus y de proyección estratégica. De todas maneras, hay ejemplos que permiten ver el futuro con un poco de optimismo. Un caso en Chiapas da cuenta de una evolución positiva en el camino de la reconciliación  y de la gestión consensual al escalón local: el acuerdo político del PRI-PT-PRD, plebiscitado por la población en el municipio de Chalchihuitán, permitiendo una representación proporcional para la gestión de la entidad municipal. Otro caso en Guatemala, San Lucas Tolimán, muestra la evolución positiva de una organización indígena-campesina (CORDIC) de la época de la guerra, hacia las tareas del desarrollo, transformándose en ONG para la "Economía y el desarrollo social auto-durable (ASEDSA)[11]. Ella promueve la articulación de actores endógenos y exógenos y concibe un espacio estratégico de desarrollo no limitado al municipio. Seguramente tales experiencias no son las únicas.        

 

 

 

 

CONCLUSION

 

Las sociedades étnicas de Chiapas como de Guatemala no son sociedades agrarias genéricas y por lo mismo no pueden ser tratadas en términos del desarrollo y modernización pura y simplemente como sociedades campesinas, todas mas o menos idénticas. Han resistido culturalmente hasta aquí en sus territorios, adaptándose lentamente a los cambios culturales según los diversos momentos históricos y no hay ninguna razón para pensar que no puedan avanzar hacia un estadio de sociedades étnicas económica y socialmente diferenciadas. Quiero decir con esto que el futuro estratégico en la continuidad cultural, pero también en la diversificación económica y de estructuras, está condicionando un pasaje obligado de lo sectorial agrícola, o de lo campesino indígena, a un desarrollo étnico territorializado que pone énfasis en las relaciones y procesos intersectoriales..

 

Este nuevo desarrollo puede transformar las sociedades indígenas de manera mas profunda y vasta de lo que ha sido hasta aquí la adaptación lenta, pero este cambio puede hacerse salvando los signos identitarios de los diversos grupos. A condición que se decidan a jugar su carta cultural, que le pongan un sello propio al modelo de desarrollo local, favoreciéndose con las simpatías  que despierta en todas partes su "deseo de reconocimiento" y con los nuevos medios materiales y virtuales puestos en juego por la globalización. Se trata de construir nuevas economías y también nuevas estructuras. Para ello, se necesita integrar los nuevos paradigmas de base que han venido a reemplazar los viejos cánones del orden económico propio del modelo estatista.

 

El modelo estatista centralizado no podrá seguir funcionando en Chiapas como funcionó hasta el 90 (como tampoco en Guatemala). Si esto puede afirmarse con seguridad, es difícil por el contrario, predecir si los actores regionales van a poder constituirse fácilmente en un sistema de actores políticamente autónomos, con voluntad de asumir el rol de "constructores" de una entidad regional de nuevo tipo, de una región que ponga por delante una imagen moderna y dinámica donde lo multi-cultural sea considerado como la fuente principal de inspiración de la programación del desarrollo. Un tal sistema de actores no puede constituirse sino en el voluntariado y en la prioridad acordada a los consensus sobre los disensus. Por ahora, son un obstáculo el peso de las élites tradicionalistas (que prefieren la inercia al cambio) y el radicalismo político del EZLN (que subestima el nivel regional, pues considera que "Chiapas le queda chico" y que su verdadero destino se encuentra en el nivel nacional.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] Coloquio CHIAPAS-GUATEMALA, mayo 2000,  Universidad Toulouse-Le Mirail. Toulouse- Francia

 

[2] Carmen Legorreta, Construcción histórica regional y conflicto en los valles y Cañadas de la Selva Lacandona, ponencia al coloquio.

[3] Henri Favre, "Les Hautes terres de Chiapas revisitées: du colonialisme interne à la postcolonialité", ponencia al coloquio.

[4] Luis Enrique Pérez Mota, "La situación actual de la estructura agraria en Chiapas", ponencia al coloquio.

[5] Véase en particular el artículo de Wallerstein, Immanuel "Le système-monde et son devenir: thèses sur sa structure et sa trajectoire actuelle, in GEMDEV, Cahier n°20 mai 1993, Parisla publicación

[6] Siguiendo a Giddes (1990),  entendemos aquí la globalización como un movimiento mas amplio que la mundialización de la economía, como un movimiento que  contribuye a desarrollar relaciones de mas en mas estrechas entre las diferentes regiones del mundo. Estos procesos se manifiestan por una intensificación de las migraciones de los países periféricos hacia los países desarrollados, por la creación nuevos circuitos y de nuevas modalidades de producción, por la difusión generalizada de tecnologías de mas en mas perfomantes en el dominio de las comunicaciones.

[7] Francis Fukuyama en su libro La fin de la histoire et le dernier homme (Flammarion 1992) sugiere algo que es de una actualidad crucial para el problema que nos interesa cuando sostiene que "el deseo de reconocimiento -o thymos- puede  proporcionar el eslabón que falta entre la economía y la política liberal"…

 

[8] César Ordóñez, "Reproducción campesina y estructura agraria en Guatemala", ponencia al coloquio.

[9] En lo que concierne a las debilidades de la gestión oficial de los vestigios arqueológicos en Chiapas, es interesante leer el artículo de Lucero Morales Cano "El discurso de la teoría del desarrollo en la protección del patrimonio cultural y natural: el caso del sitio arqueológico de Chinkultik en Chiapas" ,en la revista Mesoamérica 37 (junio de 1999), pp. 51-71.

[10] Ver a este propósito el artículo de Edith Kauffer, "Religieux et politique au Guatemala: De la convergence des intérêts à la réciprocité des influences", in Histoire et sociétés de l'Amérique Latine, dossier "Chrétiens d'Amérique Latine: l'enjeu du politique, n° 9, 1999/1,139-175.

[11] Carlos Cubillos, , "La nature du changement social. Action collective, acteurs et ressources: la construcción du local à San Lucas Tolimán (Guatemala, Mémoire du DEA-ESSOR, Université de Toulouse Le Mirail, Ecole National de Formation Agronomique, ENSAT, juin 1999.

 

 

 

 

Diversidad étnica y modelos de desarrollo en la experiencia indígena ecuatoriana[1] 

 

Roberto Santana

Las reflexiones que siguen tienen que ver con las perspectivas de la diversidad étnica al interior de los procesos de desarrollo y mas ampliamente de modernización en la globalización. Creo que cualquier intento de hacer la prospectiva pasa necesariamente por hacer el balance, aunque sea "a vuelo de pájaro" de lo que ha sido la evolución de la problemática étnica en los en los 15 o 20 últimos anos. De entrada quiero decir que las cuentas que se pueden sacar para los indígenas ecuatorianos permiten ser optimista. Un balance positivo de 15 anos de historia. La movilización compleja y multiforme de las sociedades étnicas ecuatorianas comenzada hace un cuarto de siglo -no quiero con esto desconocer el interés de algunos procesos anteriores- ha culminado en los anos 90 con la construcción de un andamiaje organizacional que es uno de los mas densos y de los mas vivaces que existen en el continente.

Casi 3.000 organizaciones de base (entre comunas, cooperativas y asociaciones), 126 organizaciones de segundo grado (uniones, federaciones, asociaciones), 17 federaciones de tercer grado y una organización nacional, ampliamente representativa.(1) Conviene anotar que la creación de este potente dispositivo organizacional ha tenido lugar principalmente en los anos 80, es decir, en un per¡odo que en general no ha sido favorable para la progresión de los sectores populares, por razón de un contexto nacional e internacional marcado por las politicas neo-liberales. Esto puede sorprender, sobretodo a aquellos que a fines de los 70 no creían para nada que la potenciación de la variable étnica en el seno de los diversos campesinados indígenas podría un día aportarles beneficios tanto sobre el plano político que económico y social.

La progresión india ha venido a desmentir el pesimismo generalizado de aquella época. Es cierto, los indios no han hecho la revolución esperada por algunos, pero es ya un éxito que en medio de una de las crisis mas profundas y mas durables de la economía ecuatoriana, ellos hayan sabido organizarse, mejorar sensiblemente sus condiciones de vida y sobretodo aumentar sus perspectivas.(2) Las vías sobre el camino de la modernizacion están abiertas hoy en día a todos los grupos étnicos gracias a lo que yo llamaría una estrategia de "andar con los dos pies", es decir, por la dinamización de la sociedad indígena local y por la búsqueda al mismo tiempo de una presencia nacional. Seria difícil contestar la idea que la modernizacion de la sociedad autóctona ha sido puesta por todas partes al orden del día, asi como la idea que el proceso modernista contiene los peligros de una integración indígena en la uniformización.

Como consecuencia de una considerable acumulación de experiencias, de contactos con el exterior, de formación de lideres y de preparación de los miembros de grupo de base, puede decirse que a fines de los anos 80 las comunidades tanto serranas como amazónicas muestran que un verdadero "salto histórico" ha tenido lugar tanto desde el punto de vista de los ritmos como de las modalidades del desarrollo. Un escenario inédito aparece, donde la novedad es la apertura haciael exterior, la disposición a la innovación organizacional y tecnológica y a la adopción de nuevos sistemas productivos. Yo creo no exagerar diciendo que quien visita hoy las comunidades queda sorprendido por el accionar de hombres y mujeres que buscan soluciones, se plantean cuestionamientos, discuten, van a ver lo que ocurre en otros lados, se consagran a las tareas de la organización...

En cuanto al desarrollo económico, creo que no existen muchas dificultades para detectar los puntos o los lugares en donde las organizaciones en sus diferentes escalones deberían intervenir en el futuro. Asi, si tomamos el nivel de las organizaciones de base, comunas en particular, creo que los progresos realizados hasta aquí no podrían ir mas lejos si necesariamente no se hacen progresos por la via del desarrollo "empresarial". Se observa en ciertos casos algunos éxitos bajo la forma de micro-empresas creadas por los colectivos, pero lo mas frecuente es observar las dificultades que se oponen a una tal via de desarrollo. Esas dificultades corresponden a tres planos diferentes: de organización, de asistencia técnica y de manejo del mercado. La superación de tales escollos es un gran desafió, el principal estando sin duda en esclarecer la parte que corresponde al liderazgo político y la parte que tiene que ver con la gestión de la economía ligada a las pequeñas empresas, es decir, la responsabilidad por las iniciativas productivas que emergen en el seno de los grupos comunitarios.La emergencia o el reforzamiento de proyectos económicos estratégicos ha sido con frecuencia frenada por una talvez comprensible pero no menos nefasta identificación de estos dos dominios de intervención

Por cierto, el esfuerzo interno de las comunidades no iría muy lejos por el camino de creación de sectores "modernos" de la economía sin la creación de estructuras adaptadas, "por debajo" del marco legal de la comuna, legalizadas o reglamentadas, susceptibles de asegurar la confianza y con ella el interés del grupo y la eficacia. Al mismo tiempo, lo mismo para la asistencia técnica que para la entrada "rentable" de un producto en el mercado, tales iniciativas tendrán necesidad, "por encima" de las comunidades esta vez, de un apoyo seguro y oportuno viniendo de estructuras mas amplias que hagan la articulación de la empresa y de sus productos con el medio económico mas próximo, pero también mas distante. Aquí tocamos otro de los puntos claves para la perspectiva del desarrollo: las organizaciones de segundo grado (OSD). Ellas son a la vez la prueba y el resultado de la apertura reciente del mundo indígena hacia el exterior. Me atrevería a decir que este movimiento representa la "ganancia" mas significativa lograda por el campesinado indígena en el ultimo cuarto de siglo. Su presencia marca el fin del aislamiento y de los bloqueos comunitarios, entre obligadas por las circunstancias o a veces voluntariamente, y la entrada en la modernizacion en su expresión amplia. Las OSD han venido a constituir un "núcleo" de poder local cuya fuerza está representada por comunidades en vías de modernizacion. Un desplazamiento social y geográfico del poder ha tenido lugar con su emergencia en las distintas provincias del país. Con un buen anclaje en el contexto local, las OSD aparecen hoy atravesadas por la necesidad de afirmación definitiva como instancias legitimas e indispensables a los intereses de las bases comunitarias y emplean esfuerzos para superar sus carencias, sus errores, su falta de experiencia. ¿Cuáles son actualmente los rasgos sobresalientes de las OSD, a los cuales pocas organizaciones escapan? Y, a propósito de que se interrogan o se inquietan?

Primero, conviene preguntarse por la capacidad de dichas organizaciones a responder a la realidad de la diversidad local, pues los miembros de base son ellos mismos portadores de diversidad. Aquí tocamos seguramente el meollo de lo que podrá devenir cada etnia en particular al interior de conjuntos mas vastos, regionales o nacional. 

Segundo, cuando se analiza el conjunto de actividades se descubre que las organizaciones de segundo grado acuerdan poco interés o casi nada al desarrollo de la producción. Esto no quiere decir que las actividades de formación (capacitación) que captan la parte mas importante de sus presupuestos, no puedan tener en contados casos una incidencia considerable sobre el plan de la producción.

Tercero, las OSD por lo general carecen de verdadera estrategia de desarrollo que movilice de manera coherente los recursos y las potencialidades de un conjunto de comunidades, en lo que podría ser imaginado como un proyecto étnico local, lo que repercute sobre su propia auto-subsistencia. Aquí parece operar el mismo factor neutralizante que hemos visto operando al nivel de las comunas, es decir, la confusión entre liderazgo político y gestión económica o de empresa. Esta confusión, perniciosa en la mayoría de los casos donde hay emergencia de pequeñas empresas (excepción notable siendo el caso de Salinas), puede ser entendida como propia al estadio actual en la larga marcha hacia la modernización pero es evidente que no puede durar y que merece una reflexión seria.

Cuarto, hay que insistir en la carencia de una estrategia de construcción de economías regionales, a despecho de la experiencia significativa de la FUNORSAL en Salinas.(3) Sobre este punto las OSD no han avanzado, sin duda por las dificultades ya señaladas pero sobretodo porque el dominio es complejo y exige una capacidad técnica y de negociación con interlocutores múltiples que la mayor parte de las organizaciones no posee o no pueden permitírselo por falta de medios. Y sin embargo se trata aquí del meollo de posibles estrategias de etnodesarrollo. Si es clara la retroarticulación comunidades/OSD así como bastante evidente el aporte que realizan a la representación indígena nacional de la CONAIE, es mucho menos evidente el rol de lo que podríamos llamar organizaciones de tercer grado, es decir, las llamadas "estructuras regionales" de la CONAIE. Hay razones para sospechar que su rol, altamente burocratizado, no se justifica y que representan mas bien, salvo excepciones como la CONFENIAE o la OPIP en la Amazonia, un "peso muerto" en la dinámica general. En todo caso no es excluido que la CONAIE tenga a los ajos de las OSD mucho mas carisma y prestigio que ciertas organizaciones de tercer grado establecidas al nivel provincial. Que destino para la diversidad étnica?

Hecho este examen rápido del "estado de los lugares" desde el punto de vista de la economía, creo que podemos retomar el segundo aspecto que se enuncio al comienzo, es decir, aquel del peligro de una integración indiscriminada en la dinámica de la modernizacion iniciada. La uniformidad versus la diversidad, tal es la cuestión. Creo que a riesgo de decir una banalidad hay que insistir en que en el destino de la población indígena se juega una parte importante del destino de la entidad nacional que busca su camino para afirmar de manera coherente un proceso de desarrollo y de modernización. La modernidad hoy significa búsqueda de la diversidad, y en la ecuación acertada de lo diverso y de lo étnico muchas regiones y sociedades encuentran hoy el fundamento de una identidad territorial original. La integración adecuada de ingredientes dispares debería ser entonces una de las responsabilidades primeras de la política publica.

Ahora, hay que decir que a propósito de la valorización moderna de la diversidad se hacen muchos discursos. "La diversidad es una riqueza" nos dicen los teóricos y propagandistas del desarrollo en la globalización. Efectivamente, puede decirse que la diversidad cultural es uno de los "patrimonios" mas apreciados en la actualidad en los países desarrollados y se ha transformado en una carta importante a jugar en un mundo dominado por las crisis sucesivas y donde la tendencia dominante es sin duda e inexorablemente hacia una uniformización de la cual las sociedades buscan escapar. Asi, la promoción del patrimonio cultural en todas sus formas se muestra como uno de los factores mas dinamizantes de la economía regional en numerosos espacios periféricos y metropolitanos de los países desarrollados.

La diversidad en Ecuador tiene sello étnico y de cierta manera es subestimada por la política publica. La interrogación que conviene hacerse es si en el nuevo estadio de la economía mundo y en este ciclo de la historia dominado por el neo-liberalismo hay lugar para ser optimista en cuanto al destino de las sociedades étnicas. Denunciado en Chiapas como "enemigo de la humanidad", con tanta mayor razón el neo-liberalismo seria el enemigo mortal de los indios. Como responder a esta interrogación? Creo que no hay respuesta sino ateniéndose a los hechos que conocemos de la historia, desgraciadamente no mucho la mayor parte de las veces. Talvez la razón de los hechos puede llevarnos a una visión mas optimista del futuro, talvez ellos den razón a F. Fukuyama(4) cuando sugiere que "el deseo de reconocimiento-o thymos- puede proporcionar el eslabón que falta entre la economía y la política liberal". Esta proposición me parece pertinente a nuestra problemática étnica por cuanto si interiorizamos la importancia del reconocimiento del Otro como motor de la historia, tal como por su parte Hegel lo sugiere, podemos también concebir que en ese espacio intermediario puede emerger un poderoso instrumento de política.

Si pensamos bien el camino realizado por los movimientos étnicos en Ecuador, algunos hechos vienen a señalar un cierto paralelismo entre la adopción de las politicas neo-liberales a escala internacional y la emergencia de una vigorosa modernizacion étnica. Conviene reflexionar a propósito de ciertos puntos, aun a riesgo de ir a contra-corriente de la diabolización de las nuevas estrategias internacionales del capital. Por ejemplo, el instrumento privilegiado por el neo-liberalismo para intervenir en el dominio de lo social/marginal o de lo social/ étnico no han sido acaso las ONGs?, es decir, esos mismos organismos que, con mas o menos eficacia, son sin lugar a dudas los que mas han contribuido a dinamizar las sociedades autóctonas. Podría decirse que ellas son el primer producto institucional exportable desde los centros para atender las periferias. Producto por excelencia de la transnacionalización. Otra interrogación: ¿Cómo se explica que en la historia indígena ecuatoriana pueda claramente reconocerse un tercer periodo de intensa actividad organizativa precisamente cuando la política oficial reinante es aquella del proyecto neo-liberal?

Los dos periodos organizativos anteriores fueron: aquél que viene inmediatamente después de la ley de comunas y el que corresponde al periodo mas activo de la reforma agraria, entre 1965 y 1973. Un ultimo ejemplo: con la reactivación de la actividad petrolera privada, llevada a cabo por las firmas multinacionales, campeonas por lo mismo del neo-liberalismo, los grupos indígenas mas dispersos y periféricos de la Amazonia, acosados y obligados por las circunstancias a la defensa de sus territorios y de la sobrevivencia, han obligado sin embargo a las firmas a negociar un modus vivendis, dotándose de organizaciones "modernas". Habría que preguntarse si las mismas concesiones habrían podido ser acordadas por el "Estado petrolero" en el contexto de la protección de fronteras.

La conclusión de todo esto puede enunciarse como otra interrogación, preguntándose si las chances para los indígenas en el mundo internacionalizado de hoy son mayores que las que tuvieron en los periodos pasados de la historia. Y aquí se abre otro capítulo de la problemática de la perspectiva: ¿En la modernizacion generalizada que se observa, cuáles son las chances de salvarse que tiene la diversidad étnico-cultural? Creo que no hay respuesta posible a esta interrogante sin abordar el tema de "los modelos de desarrollo".

Diversidad étnica y modelos de desarrollo

La noción de "modelos de desarrollo" está rodeada de una abundante dosis de confusión, donde se hace difícil distinguir entre ciclos, modelos, fases, ritmos y modalidades de adaptación. Por lo mismo, se generaliza fácilmente, poniendo muchas veces en un mismo plano situaciones o resultados contradictorios, que no obedecen a las mismas lógicas. Lo que yo propongo aquí es un esfuerzo destinado a establecer la utilidad del concepto de "modelos de desarrollo", para la inserción útil de la diversidad étnica en el movimiento modernizante general. Creo que podemos estar de acuerdo en que se trata de una reflexión en torno a "modelos de modernización de la sociedad", que están inscritos en la actual vasta "onda de marea" de occidentalización del mundo. La idea de modelo de desarrollo lleva implícita una cuestión de escala, mundial, nacional, local. Puede imaginarse que a cada escalón los grupos humanos se dan maña para adaptarse, para apropiarse de aquéllo que les conviene o les satisface mejor, para en fin torcerle la nariz al movimiento general. En todo caso, cualquiera que sea el escalón considerado "un modelo" debe por fuerza tomar en cuenta una doble polarización: aquélla constituida por la lógica propia de reproducción del capitalismo mundial y, la otra por la lógica de reproducción de cada formación social nacional.

Ni la economía mundial ni la economía nacional constituyen una "totalidad" en el sentido que ninguna posee la coherencia de la auto reproducción, cada una estando sometida a dos lógicas de reproducción: aquélla de los capitalismos nacionales/mundiales y aquélla de las sociedades especificas de los diferentes países. Es aquí donde entra el escalón que nos interesa, es decir, lo local/ étnico, expresión concreta de la diversidad cultural y es aquí también donde se produce el espacio "desierto" o abierto, que puede ser visto como espacio de maniobra entre la economía y el neo-liberalismo. Es en esta idea que se funda la interpretación actual en el sentido que el capitalismo en los países centrales tiene apellido y desde mucho tiempo, que hoy día se habla de los "capitalismos en Europa",(5) que hay una familia anglo-saxona de capitalismo, que el capitalismo japonés es sui generis, que hay un capitalismo renano y otro danés, que hay la forma especifica de capitalismo francés...

Hoy, pasados los anos de enceguecimiento ideológico, se aprecia con mas claridad que las sociedades europeas han seguido esquemas variados y han definido maneras de conducir sus capitalismos respectivos y de cierta manera delineado un tipo de sociedad. En algunos casos, las opciones asumidas datan de mucho tiempo y se han enraizado profundamente en una verdadera "cultura" con la cual tienen que jugar los actores contemporáneos. Es cierto, hoy esos "modelos" de capitalismo son sometidos al asalto de las presiones de la globalización pero no es menos cierto que por movimientos diversos (rol de diversificación de las regiones, demandas de politicas especificas de integración, etc.) las especificidades identitarias son "activadas" por aquí y por allá por las propias sociedades territorializadas.

Volviendo al Ecuador, el Estado nacional siendo la organización mas importante que se da la sociedad para asegurar su reproducción, en teoría debería ser capaz de desarrollar su propio modelo de autorregulación al interior del movimiento general del capitalismo. Este movimiento, es decir, la generalización de la economía de mercado, debería entonces ser concebido como un dato durable para el país, a la vez como contexto pero también como algo que es indispensable regular, equilibrar social y terrorialmente, a la búsqueda de una autorregulación nacional eficaz. Definida asi, la noción de modelo puede concebirse como funcional y operatoria al entendimiento de las dinámicas generadas por el ciclo actual de la "economía-mundo", para decirlo en el sentido de Braudel. También lo seria en dar respuesta a nuestra interrogación respecto del destino de las sociedades étnicas. Si partimos de las modernizaciones étnicas que tienen lugar en Ecuador, de la observación de algunas estrategias colectivas puestas en practica en los últimos decenios, hay que reconocer que los datos identitarios esenciales permanecen fuertes. Esto significa que un modelo de desarrollo local o regional puede concebirse fundado en una fuerte especificidad cultural. El desarrollo y mas ampliamente la modernizacion puede asi darse una "marca" de origen.

Si hacemos un rápido sobrevuelo comparativo, sin entrar en un análisis en profundidad de las estructuras y los modos de funcionamiento, nos damos cuenta efectivamente que el "modelo" Shuar de modernización no es igual que el Otavaleño, o que el Saraguro o que el Huaorani. Creo que una investigación comparativa destinada a revelar en donde reside efectivamente lo esencial de la diferencia en la gestión del desarrollo que hace cada etnia, cosa que hoy mas bien sospechamos, puede resultar de gran importancia científica y práctica. La salvaguarda de lo que constituye el espíritu o la esencia de la diferencia de un pueblo es la responsabilidad primera de los "organizadores políticos", en este caso de las organizaciones étnicas, sobre esto no hay duda, pero como preparan ellas el futuro?

En este sentido, se puede imaginar un conjunto de interrogaciones a las cuales una estrategia étnica puede dar respuestas. Estas pueden no siempre ser las mejores históricamente hablando. Por ejemplo, ¿Qué grado de "apertura" tiene o va a tener un determinado modelo?. Es decir, si él se concibe como parte de conjuntos socio-territoriales mayores y como contribuyendo con su cuota parte a la construcción de un perfil identitario o personalidad colectiva, propios de entidades mas vastas. Como se articula con la organización territorial del Estado, o de otra manera, ¿Qué partitura toca en la descentralización del país? Otro ejemplo, ¿Qué se propone en términos de articulación de los colectivos sociales, grupos, individuos o empresas, con el sector privado que es en este periodo histórico el motor principal del desarrollo? Ultimo ejemplo, que no agota las interrogaciones ¿ Cómo se concibe la inserción del modelo "especifico" en una política nacional de defensa "genérica" de los indígenas?

Es respondiendo a interrogantes como éstas que puede llegar a concretizarse el modelo "alternativo”, el que, como puede apreciarse no es alternativo sino en relación a la tendencia a la uniformización de todas las sociedades pero que no podría pretender escapar al movimiento general guiado por el capitalismo, querámoslo o no. El neo-liberalismo, forma ideológica que reviste la tendencia actual de la acumulación mundial, puede ser neutralizado en sus excesos, pero ello no puede significar que el "modelo" étnico pueda imaginarse sin pasar por la economía del mercado, ni por la ola de mundialización.

NOTAS

1.Ver de León Zamosc su trabajo "Estadísticas de las reas de predominio étnico de la sierra ecuatoriana. Universidad de California, San Diego, 1994 (manuscrito).

2. El libro que toda persona interesada en los indígenas y en el Ecuador debería necesariamente leer es el de Galo Ramón y sus colaboradores: "Actores de una década ganada", ediciones COMUNIDEC, Quito, 1993.

3. Roberto Santana,"Paysans de Salinas: au délà du Chimborazo", revista l'Ordinaire du Mexique et de l'Amerique Centrale, IPEALT, n° 146, juillet_aöut 1993, Toulouse.

4. Francis Fukuyama, "La fin de l'histoire et le dernier homme", Flammarion, 1992. Paris.

5. Colin Crouch et W.Streeck "Les capitalismes en Europe", La Découverte, 1996. Paris.

 



[1] Seminario « Indígenas y Minorías étnicas » Quito, Nov. 1994.